martes, 16 de diciembre de 2008

116 millones de dólares

"ya no habría agricultores ni labriegos porque,
¿quien se imagina a un millonario sembrando papas, con sus propias manos, sucias, hinchadas y ampolladas."
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¿Que pasaría si cada uno de los habitantes del planeta de repente fuéramos millonarios?

No quisiera ni puedo imaginarlo. ¿No se supone que el mundo al fin seria feliz, ya que es la riqueza quizá el bien mas buscado y preciado de todos y por su tenencia millones mueren o matan?

Pues no lo creo sencillamente porque entonces no tendría sentido tenerlo. ¿Como es eso? Pues si todos fuéramos ricos, millonarios en dólares, no tendríamos nada que comprar ni a nadie a quien comprar.
Es lo que ocurriría si los 700,000 millones de dólares que la Reserva Federal de los Estados Unidos ha aprobado para resolver la crisis financiera de ese país, se repartirían entre todos los habitantes de la tierra. Si así hicieran, si repartieran 700 billones de dólares entre los 6 mil millones de habitantes del planeta, entonces cada uno de nosotros tendría en sus bolsillos la suma de 116 MILLONES 666 MIL DÓLARES (US$116,666,000.00). Multimillonarios todos, de golpe y porrazo y gracias al tío Sam.
Felices y contentos. Se acabaria la infelicidad, la miseria y la desigualdad en la tierra. Al fin se haría el milagro, la promesa.
Pero, ¿que comeríamos? Pues ya no habría agricultores ni labriegos porque quien se imagina a un millonario sembrando papas, con sus propias manos, sucias, hinchadas y ampolladas. Los labriegos ya son millonarios! Lo mismo pasaría con la industria. ¿Quien trabajaria en las fabricas de salchichas, embutidos, procesadoras de granos y otros bienes de consumo necesarios para la alimentacion? Un millonario trabajando como obrero? Imposible. Pero además, quien nos lavaría el auto (hey, ya no hay autos. La fabrica cerró por falta de trabajadores); ¿a quien contrataríamos para el servicio doméstico y quien repararía nuestro fregadero roto?
Tampoco encontraríamos con quien hacer trueques, pues todos carecen de lo mismo (alimentos, bienes industriales, servicios y un sin fin de cosas sin las cuales sencillamente no podemos vivir). Ni encontrar mecánicos, reparadores, vendedores ambulantes (ah, esos aguacaticos en el semáforo). En fin, no se como seria la vida, si es que hay vida, pues ahora la partera, la enfermera, el camillero y hasta el médico, son TODOS MULTIMILLONARIOS, y andan enloquecidos buscando a quien comprar comida y bienes, con maletas llenas de dólares que ahora de nada sirven.
Si alguna vez concibió como una bendición que TODOS algún día fuésemos millonarios, pues dejese de tonterías y alegrese de que todavia por ahi podemos hallar quien nos lave el auto o nos venta una funda de limones.
¿No lo habia pensado?

sábado, 18 de octubre de 2008

El amo enfermo


"...en los países desarrollados el ciudadano promedio ha disfrutado durante decenios de un bienestar y seguridad que resultan hasta irritantes para nosotros,..."
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Durante años los dominicanos hemos sido testigos y victimas de una de las epidemias más terribles de todos los tiempos, que afecta no sólo a nuestro país sino a muchos que comparten nuestras condiciones económicas, sociales y psicológicas. Nos referimos a la violencia en sus diferentes formas.
Hace años que expertos mundiales de la Organización Mundial de la Salud han diagnosticado sus causas: la pobreza , falta de acceso a servicios básicos (como educación, vivienda, salud, agua potable, energía eléctrica y empleo), angustia, temores, e inseguridad permanentes, como resultado de un déficit económico, social, político y psicológico puesto en nuestra cuenta por otros, aquellos que por años se lo han llevado todo.
El resultado no puede ser otro que frustración, rabia, hostilidad, irritabilidad, agresividad y violencia que se expresa cotidianamente en cualquier ciudad dominicana de manera tan “sutil” como la forma de conducir, o en modos tan groseros como el asesinato de las propias familias. Es como una rebeldía permanente contra todo y todos.
Del tan cascareado estrés social y personal que nos vuelve salvajemente violentos, podemos dar clases los dominicanos. Sin embargo, es curioso y demostrativo el hecho de que nos convertimos en ovejas mansas, obedientes y cumplidoras de todas las normas tan pronto pisamos el suelo de algún país donde sintamos que tememos derechos y seguridad social. Y no solo la impunidad dominicana lo explica, pues cualquier mortal preferiría caer preso en EU y no pasar por La Victoria ni de visita, pues aquí la impunidad institucional es superada por mucho por la vulnerabilidad del ciudadano de barrio ante las arbitrariedades de nuestro aparato policial y penitenciario.
Como contraste, en los países desarrollados el ciudadano promedio ha disfrutado durante decenios de un bienestar y seguridad que resultan hasta irritantes para nosotros, pobres tercermundistas que vemos con “pique” como allá con solo trabajar arduamente se construye el “sueño americano”.
Luego de la crisis financiera que atraviesan los EU, leemos con asombro noticias sobre los altos niveles de estrés que ahora sufren los norteamericanos. No duermen bien y congestionan las líneas de los servicios de ayuda psicológica por los altos niveles de ansiedad y depresión ocasionados por la quiebra económica de millares que pierden sus casas, los echan del trabajo y no pueden cubrir sus pagos. Y esta misma semana leemos sobre una lamentable oleada de violencia intra familiar donde ciudadanos desesperados asesinan a sus cónyuges, hijos y mascotas y luego se pegan un tiro. Igual que aquí. Sólo que ahora, y por desgracia, también el amo está enfermo.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Ahora lo sé, mamá!

Ahora sé, porque no te he hallado al volver a casa, que te has ido. Que no sabré de ti por algún tiempo, pues no te he vuelto a ver desde aquel momento en que por ultima vez te besé, y estabas tan quieta y tiesa, y tan fría.

De ti no he sabido más, y ayer, en todo el día no vi tu celaje tambaleante camino a la cocina.

Que difícil es pensar que no volverás!
Ahora sé cuánto te amé y cuánto te extrañaré, mamá. Por tu bondad infinita, tu ingenuidad, tu corazón repleto de amor, tu entusiasmo y tu energía desbordante y contagiosa.

Guardaré y cuidaré con celo tus cosas, sembraré las plantas que no pudiste sembrar y las cuidaré. Los cuadros que alguna vez pintaste, los tendré en mi pared, y exhibiré con orgullo las cerámicas que hace años forjaste con tus propias manos.

Porque tendrás tu propio muro en mi casa, con tus fotos y tus obras, pues aunque hayas querido o te hayan obligado a dejarme, eso nunca será posible.

Seguirás aquí conmigo, con mis hijos, en cada rincón de mi mente, de mi casa; en cada planta y en cada adorno. Estarás en la cocina y en todas partes, porque eres inmortal.

Ahora lo sé, mamá.

viernes, 22 de agosto de 2008

Calor y violencia



..."efectivamente, existía una relación lineal y directa entre temperatura y disturbio, es decir, los disturbios coincidían con las jornadas más calurosas."
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(Artículo originalmente publicado por el autor en la revista mensual La Prensa en octubre del 2006).

La violencia representa uno de los problemas de mayor dimensión en el mundo. Según cifras recientes del Banco Interamericano para el Desarrollo (BID), América Latina es la segunda región más violenta del mundo después de los paises del Africa negra, con una tasa de homicidios de 22.9 por 100 mil habitantes, es decir, más del doble del promedio mundial de 10.7 por 100 mil, siendo las ciudades más peligrosas, en ese orden, Medellín, Guatemala, San Salvador, Caracas, Río de Janeiro, Bogotá y Sao Paulo.

No conocemos cifras confiables sobre la violencia en República Dominicana. Sin embargo, los sucesos ocurridos en los últimos 4 ó 5 años ofrecen una muestra de lo que podría convertirse en una terrible epidemia.

Factores como la pobreza, la marginalidad, tendencia genética, modelos de aprendizaje, frustraciones personales y sociales, estados mentales mórbidos, factores ambientales, etc., han sido señalados como causantes o catalizadores de la agresión y la violencia.

Calor y agresión.
En 1833, Lambert Adolphe Jacques Quételet (1796-1874), sociólogo, matemático, astrónomo y estadístico belga, autor del método para clasificar el peso de las personas de acuerdo a un valor ideal para su estatura conocido como Indice de Masa Corporal (IMC o BMI en inglés) de amplio uso hoy en día, propuso una Ley Térmica de la Delincuencia, según la cual los delitos violentos son más probables en los períodos de fuerte calor. La evidencia cotidiana parece corroborar este punto de vista.
Mediante estudios de archivo y experimentales realizados en los Estados Unidos se ha intentado comprobar la veracidad de estas afirmaciones. Entre 1967 y 1971 se estudiaron los disturbios ocurridos en ciudades norteamericanas. Se comprobó la temperatura media diaria en varias ciudades y se encontró que, efectivamente, existía una relación lineal y directa entre temperatura y disturbio, es decir, los disturbios coincidían con las jornadas más calurosas. En otro estudio en Chicago (Anderson y Anderson, 1984), se analizaron 90 días del verano del año 1967 para averiguar la incidencia de actos criminales. Se verificó una relación directa y lineal entre la temperatura media diaria y el número de dichos delitos.
El estudio más completo de todos es el de Anderson (1987), realizado en todo el territorio norteamericano durante una década, de 1971 a 1980, contrastando temperaturas diarias con incidencia de asesinatos, violaciones y atracos a mano armada. Se demostró una relación directa y lineal entre temperatura y delitos violentos.
Más aún, Rule y cols. (1987) sometieron a diversos individuos a una temperatura calurosa (33 grados C) o fresca (21 grados C). La tarea de los sujetos consistía en escribir el final de una historia sencilla e incompleta que les proporcionaba el experimentador. Algunos elementos de la historia tenían un cierto potencial para la agresión. Los sujetos expuestos al calor mostraban una mayor propensión a completar la historia con finales agresivos.
En nuestro país, desde hace tiempo personalmente hemos observado un aumento significativo de los actos violentos en los meses de verano de cada año. De comprobarse la relación, mediante un estudio rigoruso, estaríamos en mayor capacidad de conocer las raíces de nuestra propia violencia y, hasta podríamos prevenir muchas situaciones potencialmente peligrosas.


martes, 19 de agosto de 2008

Caballos de Troya


"...entrarán en nuestras casas, beberán nuestro vino y comerán nuestro pan, de nuestra propia mano"
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Las personas deberíamos ocuparnos de algunas cosas que a veces descuidamos. Como la escogencia de amigos, por ejemplo.
Resulta facil deshacernos de aquellos sujetos que, sin ser de nuestro agrado o compartir nuestros valores, intentan soterradamente mezclarse en nuestro círculo más personal. Pero en ocasiones somos vencidos, engañados o seducidos, complicando de este modo nuestras existencias.
Con los compañeros de trabajo es más dificil, pues aunque podemos a veces seleccionar la empresa para la cual trabajamos, no siempre será así y las más de las veces tendremos que aceptar el paquete, para bien o para mal. Otras, seguramente las menos, quizá tengamos la oportunidad de escoger empresa y acaso compañeros.
También con suerte, con poca prisa y un poco de planificación y cálculo, tenemos el chance de seleccionar a la compañera o compañero de vida.
Con la familia de sangre es diferente. Quien puede seleccionar a la madre, al padre, tíos y sobrinos? Imposible de lograr. Escoger un hijo? Tampoco, a menos que contratemos una agencia de bebés por encargo. Tampoco a los hermanos o hermanas. Con nuestros parientes de sangre nacemos atados, unión que perdurará hasta la tumba.
Con todos, amigos y compañeros escogidos o colados, al igual que con nuestros parientes, construiremos relaciones cortas o extendidas en unos casos, o eternas en otros.
Unos nos querrán y apoyarán. Otros entrarán en nuestras casas, beberán nuestro vino y comerán nuestro pan, de nuestra propia mano; gozarán nuestra solidaridad y nuestro afecto. Y mientras comen, beben y son amados por nosotros y nuestras mujeres e hijos; mientras se sirven de los mejores cuidados, entrando y saliendo de nuestras moradas, como verdaderos dueños, irán recogiendo piedras que luego lanzarán sobre nuestras cabezas y las de nuestros seres más queridos.
Como caballos de Troya.